“La virgen de la tosquera” es una adaptación de dos cuentos incluidos en el libro “Los peligros de fumar en la cama”, de Mariana Enríquez. Uno es el relato que le da título a la película; y el otro, “El carrito”. Dirigido por Laura Casabé (“Los que vuelven”, 2019) y guionado por Benjamín Naishtat (“Puan”, 2023; “Rojo”, 2018), el filme se ambienta durante la crisis económica de 2001. La protagonista es Natalia, una chica que se enamora perdidamente de su amigo Diego, mientras hay una tercera -Silvia-, que lo seduce.

Aunque la historia de ambos cuentos está trabajada en el guión, “El carrito” funciona sólo para generar el clima de época, mientras que “La virgen de la tosquera” es el verdadero rector de la narración. A la vez, la película sigue la línea de algunos estrenos nacionales de los últimos años que abrevaron en el género del horror (“Cuando acecha la maldad”, 2023; o “Historia de lo oculto”; 2020). No obstante, Casabé aporta elementos del coming of age para generar un relato sobre el crecimiento femenino planteado a través del velo del misticismo.

La historia se desarrolla durante el verano, cuando Natalia y sus amigas acaban de egresar de la secundaria y viven la transición de la adolescencia a la adultez. El clima que la directora genera junto a su director de fotografía es de un verano bochornoso, transmitiendo una sensación de calor tanto simbólica como literal. No es sólo una referencia a la temperatura exterior, sino también una representación interior del personaje buscando iniciar su vida sexual.

Ese deseo, tema propio del coming of age, se manifiesta no sólo en el ámbito natural de la protagonista, sino también en sus actividades brujeriles, un segundo espacio que tiene sus propios atributos estéticos, ya que va enrareciendo como un cuadro viral a la película.

Claroscuros

Varias veces se van a tomar elementos de ese mundo oscuro de Mariana Enríquez, donde lo banal y lo místico se entrecruzan, así como también con el retrato social y político. Sin embargo, el guión de Naishtat no lo hace de la mejor manera, por ejemplo, con el carrito que aparece en la primera escena. En el cuento original se plantea un conflicto de clases a partir de la aparición de este personaje que representa la indigencia en Argentina, que contamina el barrio y genera problemas vecinales. Ahora bien, en la película esto es sólo una sugerencia, una línea narrativa que no se desarrolla ni termina en ningún lado. De la misma manera sucede con varias otras historias que parecen sólo querer complejizar el relato, pero no suman; restan a la experiencia.

La historia capaz de sostenerse dentro de la película es, justamente, la que protagonizan Natalia y Diego, todo lo demás se cae. No sólo por el guión, sino también por la dirección. A excepción de la protagonista, muchos de los personajes en la película tienen un registro actoral diferente, con diálogos planos y sin personalidad, como es el caso de su abuela o sus amigas. En ocasiones hasta parecen ser sólo parte del decorado, haciendo destacar aún más la gran actuación de Dolores Oliverio, quien proviene de la danza, no del cine ni del teatro, y se mete con solvencia en la piel de Natalia. En ese sentido, historias como la del carrito, la del vecino e incluso la de la abuela y su vínculo con la brujería no impactan; al contrario, terminan resultando indiferentes.